CONTACTA CON NOSOTROS

La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

Nuestra dirección de contacto es: infomilitiatempli@gmail.com

jueves, 30 de agosto de 2012

UN BONITO CUENTO.


Bonito cuento el que he encontrado en Internet, en el blog “reflexiones católicos,  en él, el autor (anónimo), se refiere a la forma de afrontar el trabajo por parte de tres obreros y lo asemeja a Jesús antes de ser crucificado y a sus dos acompañantes y de que forma cada uno afronta este destino, creo que el ejemplo de Jesús es extrapolable a todos los actos de nuestra vida, a la forma de encajar las distintas situaciones que se nos presentan, a la forma de relacionarnos con nuestros semejantes tanto a nivel personal, laboral, familiar. Ante las adversidades podemos tomar varios caminos, el más fácil normalmente es el de maldecir, abandonar, etc, pero  realmente conseguimos algo maldiciendo nuestra mala suerte, pensando al momento que Dios nos ha abandonado y planteándonos si porque algo no nos ha salido como queríamos es que Dios ya no está con nosotros.

Si hay algo de lo que debemos estar seguros es que Dios Nuestro Señor, siempre está a nuestro lado, y de algo que estoy convencido es que está ahí, siempre, el que intenta buscarlo siempre lo encuentra, pero también es cierto, y es un pensamiento personal , que Dios no lo pone fácil, no quiere al católico por necesidad, al que cuando truena se acuerda de Santa Bárbara y después gracias y hasta luego, no, es algo más. Dios en su grandeza nos ha dado una vida y una libertad para que recorramos un camino muchas veces lleno de baches, de situaciones difíciles, en ese camino tenemos muchas opciones para saltar los baches que se nos presenten, tenemos la opción de intentar esquivarlos (al final se nos presentarán mas grandes y será más difícil), también la de maldecir nuestra mala suerte cuando se nos presente la dificultad, la de considerarnos unos desgraciados que nos ha tocado todo lo malo del mundo y no merece la pena que sigamos el camino, en fin, dentro de ese regalo que Dios nos hizo, el de ser seres racionales, el darnos un alma, y con ello la libertad para recorrer el camino de la forma que queramos, nos dejó el mensaje claro de que siempre estaría a nuestro lado, cuando Jesús muere en la cruz, lo hace por todos, por los que llevan el camino recto y confían en él, y también lo hace por los que pecan continuamente, maldiciendo cada vez que tropiezan. Todos en esta vida llevamos una cruz, unos tal como decía en el artículo anterior, en el de “Cristianos de Pata Negra”, la llevan muy grande, muy pesada, pero la llevan con una fuerza inmensa sin maldecir, sin abandonar su fe, la llevan a sabiendas que esa cruz le  puede provocar la muerte, pero en el convencimiento de que Jesús los acogerá como hijos predilectos, otros en esta civilización que llamamos occidental, la llevamos mucho más liviana y continuamente estamos quejándonos de lo que pesa, si podemos se la intentaremos dar al de al lado para que la lleve él, y en el peor de los casos la tiraremos justificándonos a nosotros mismos de nuestro abandono y cogeremos el camino fácil el que al final no nos lleva a ningún sitio, el que se separa del camino de Jesús.


Este cuento trata de tres obreros que día a día trabajan en el puesto que día a día ocupan en una hacienda.

Daniel, quien se encargaba de cuidar los caballos se pasaba todo el
día lamentándose de cuan duras eran sus tareas y que poca paga
recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar las vacas.
Siempre se le escuchaba maldecir, y en ocasiones muy frecuentes
estallaba en cólera dándole punta pies a todo lo que encontraba a su
alrededor. Por último, estaba Carlos quien se encargaba de cuidar los
cerdos.

             Carlos, lo primero que hacia antes de comenzar sus labores era darle
los buenos días a cada uno de sus compañeros de trabajo, y de paso le
obsequiaba la mejor de sus sonrisas. El trabajo de Carlos era bastante
pesado, al igual que el de Daniel y el de Ramón, pero a diferencia de
estos últimos dos, Carlos nunca maldecía, ni se quejaba. cuando la
cólera amenazaba con dominarlo. Carlos suavemente desliza su mano
hasta introducirla en uno de los bolsillos de su pantalón donde
guardaba una cruz de madera, la sacaba, la contemplaba por un
instante, luego la guardaba y continuaba su labor con una gran calma.
Esta acción llenó de mucha curiosidad a sus compañeros de trabajo.

             Un día, mientras estaban todos los empleados almorzando, Daniel tomó
la palabra y dirigiéndose a Carlos le dice: - ¡Oye Carlos! ¿Por qué
siempre llevas una cruz de madera en el bolsillo de tus pantalones?
Ramón entra en la conversación y de forma burlona comenta lo
siguiente: - De seguro que es su amuleto de buena suerte. Carlos
introduce la mano en el bolsillo de sus pantalones, saca la cruz y
sosteniéndola en sus manos dice: - Esta cruz que yo fabriqué con mis
propias manos y que esta vacía (o sea que no tiene un Cristo), tiene
un gran significado para mí. Esta cruz representa la cruz que a mi me
ha tocado cargar en esta vida. Cada vez que la miro, a mi mente llega
el recuerdo del calvario y veo en ese recuerdo a tres personas llevar
sus respectivas cruces. La primera persona que veo es a Dimas llevando
su cruz obligado, porque no le queda mas remedio; la otra persona que
veo es a Gestas (el mal ladrón) que la lleva maldiciendo y renegando;
por ultimo veo a Jesús que se abraza a su cruz mientras camina. Cuando
la cólera amenaza con robarme la paz, tomo esta cruz en mis manos y me
hago la siguiente pregunta: ¿cómo quiere Dios que lleve esta cruz que
me ha dado? ¿Cómo Dimas? ¿Cómo Gestas? ¿O cómo Jesús?

De ti dependen de cómo quieres llevar esa cruz, la llevarás como Gestas, como Dimas o como Jesús.

martes, 28 de agosto de 2012

CRISTIANOS DE PATA NEGRA

Hace unos días, varios diarios publicaron la muerte de cerca de 60 cristianos nigerianos todos ellos asesinados a sangre fría. Estos no son los únicos asesinatos de cristianos ocurridos en ese país, en dos años van cerca de mil personas asesinadas por el simple hecho de ser cristianos.

Pero no solo es Nigeria, son muchos estados más donde se persigue a las personas por el hecho de ser cristianas, donde el cristiano es un mártir en potencia, donde saben lo difícil que es practicar su fe, reunirse en las iglesias es señalar el objetivo a los terroristas y aun así se reúnen, donde no renegar de la fe puede significar en algunos casos una condena a muerte y aun así se mantienen su amor por Cristo.

En Egipto son muchas las noticias que llegan de la persecución que sufren los Coptos, la discriminación de que son objeto  por el hecho de ser cristianos y ahí los tenemos dando ejemplo de su fe, dando ejemplo con su sacrificio día a día, manteniendo esa comunidad que con otras pocas que subsisten en la zona son la última presencia cristiana en la tierra que piso Nuestro Señor.

Podría seguir nombrando países, Pakistan, Irán, etc pero me pregunto si todavía creemos en Europa que somos la reserva espiritual, término este empleado hasta no hace mucho para España, todavía pensamos que somos cristianos de primer orden porque tenemos grandes catedrales, grandes iglesias, podemos hacer grandes donativos para limpiar nuestras conciencias o mejor dicho para demostrar nuestra caridad. Que es la caridad entonces, si estamos volviendo la vista para no ver como asesinan a hermanos nuestros todos los días, como los queman, mutilan atacan iglesias pobremente construidas, ¿eso es caridad?. Para mi esos cristianos que aun sabiendo que pueden morir durante los quince o veinte kilómetros que tienen que andar para asistir a misa, que saben que serán discriminados laboralmente por el hecho de demostrar su fe en Jesuscristo, cristianos que resisten en unas condiciones impensables para los que habitamos este  viejo continente, esos CRISTIANOS son cristianos de primera clase, cristianos como se dice en muchos lugares de España, “de pata negra”.


LA REINA QUE SIRVE. EL SANTO PADRE HABLA SOBRE LA REALEZA DE LA VIRGEN.
Fuente: L´Osservatore Romano.

Una reina al servicio de la humanidad, que camina a nuestro lado cada día, nos ama, nos escucha, intercede por nosotros. Benedicto XVI explicó de este modo el significado de la realeza de la Virgen María, recordando a los fieles presentes en Castelgandolfo, el miércoles 22 de agosto por la mañana, en la audiencia general, la celebración de la memoria litúrgica.

El Pontífice afirmó lo que ya había dicho el 15 de agosto pasado, el día de la Asunción, cuando, durante la homilía de la misa celebrada en la parroquia pontificia de Santo Tomás de Villanueva, en Castelgandolfo, había reflexionado sobre el significado de la cercanía de la Virgen María al hombre de hoy. No por casualidad en la mañana del miércoles 22 recordó la reforma posconciliar del calendario litúrgico, en virtud de la cual la memoria de la realeza de María fue situada ocho días después de la solemnidad de la Asunción. Una forma de poner de relieve, hizo notar el Papa, la «íntima relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma junto a su Hijo». Pero también precisamente su cercanía a Dios, su participación «en la responsabilidad de Dios respecto al mundo y en el amor de Dios por el mundo ».

La realeza de María, así como la realeza de Jesús, precisó Benedicto XVI, «no tiene nada que ver con la de los poderosos de la tierra »: es una realeza que «sirve a sus servidores». En este sentido María «es reina —explicó nuevamente el Papa — en el servicio a Dios y a la humanidad; es reina del amor que vive la entrega de sí a Dios para entrar en el designio de la salvación del hombre».

Queridos hermanos y hermanas: Se celebra hoy la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María invocada con el título: «Reina». Es una fiesta de institución reciente, aunque es antiguo su origen y devoción: fue instituida por el venerable Pío XII, en 1954, al final del Año Mariano, fijando para su celebración la fecha del 31 de mayo (cf. Carta enc. Ad caeli Reginam, 11 de octubre de 1954: AAS 46 [1954] 625-640). En esa circunstancia el Papa dijo que María es Reina más que cualquier otra criatura por la elevación de su alma y por la excelencia de los dones recibidos. Ella no cesa de dispensar todos los tesoros de su amor y de sus cuidados a la humanidad (cf. Discurso en honor de María Reina, 1 de noviembre de 1954). Ahora, después de la reforma posconciliar del calendario litúrgico, fue situada ocho días después de la solemnidad de la Asunción para poner de relieve la íntima relación entre la realeza de María y su glorificación en cuerpo y alma al lado de su Hijo. En la constitución del concilio Vaticano II sobre la Iglesia leemos: «María fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo y elevada al trono por el Señor como Reina del universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo» (Lumen gentium, 59).

Este es el fundamento de la fiesta de hoy: María es Reina porque fue asociada a su Hijo de un modo único, tanto en el camino terreno como en la gloria del cielo. El gran santo de Siria, Efrén el siro, afirma, sobre la realeza de María, que deriva de su maternidad: ella es Madre del Señor, del Rey de los reyes (cf. Is 9, 1-6) y nos señala a Jesús como vida, salvación y esperanza nuestra. El siervo de Dios Pablo VI recordaba en su exhortación apostólica Marialis cultus: «En la Virgen María todo se halla referido a Cristo y todo depende de él: con vistas a él, Dios Padre la eligió desde toda la eternidad como Madre toda santa y la adornó con dones del Espíritu Santo que no fueron concedidos a ningún otro» (n. 25).

Pero ahora nos preguntamos: ¿qué quiere decir María Reina? ¿Es sólo un título unido a otros? La corona, ¿es un ornamento junto a otros? ¿Qué quiere decir? ¿Qué es esta realeza? Como ya hemos indicado, es una consecuencia de su unión con el Hijo, de estar en el cielo, es decir, en comunión con Dios. Ella participa en la responsabilidad de Dios respecto al mundo y en el amor de Dios por el mundo. Hay una idea vulgar, común, de rey o de reina: sería una persona con poder y riqueza. Pero este no es el tipo de realeza de Jesús y de María. Pensemos en el Señor: la realeza y el ser rey de Cristo está entretejido de humildad, servicio, amor: es sobre todo servir, ayudar, amar. Recordemos que Jesús fue proclamado rey en la cruz con esta inscripción escrita por Pilato: «rey de los judíos» (cf. Mc 15, 26). En aquel momento sobre la cruz se muestra que él es rey. ¿De qué modo es rey? Sufriendo con nosotros, por nosotros, amando hasta el extremo, y así gobierna y crea verdad, amor, justicia. O pensemos también en otro momento: en la última Cena se abaja a lavar los pies de los suyos.

Por lo tanto, la realeza de Jesús no tiene nada que ver con la de los poderosos de la tierra. Es un rey que sirve a sus servidores; así lo demostró durante toda su vida. Y lo mismo vale para María: es reina en el servicio a Dios en la humanidad; es reina del amor que vive la entrega de sí a Dios para entrar en el designio de la salvación del hombre. Al ángel responde: He aquí la esclava del Señor (cf. Lc 1, 38), y en el Magníficat canta: Dios ha mirado la humildad de su esclava (cf. Lc 1, 48). Nos ayuda. Es reina precisamente amándonos, ayudándonos en todas nuestras necesidades; es nuestra hermana, humilde esclava.

De este modo ya hemos llegado al punto fundamental: ¿Cómo ejerce María esta realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a ella en la oración, para agradecerle o para pedir su protección maternal y su ayuda celestial tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y complicadas vicisitudes de la vida. En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María confiando en su continua intercesión, para que nos obtenga de su Hijo todas las gracias y la misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo. Por medio de la Virgen María, nos dirigimos con confianza a Aquel que gobierna el mundo y que tiene en su mano el destino del universo. Ella, desde hace siglos, es invocada como celestial Reina de los cielos; ocho veces, después de la oración del santo Rosario, es implorada en las letanías lauretanas como Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los Apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes, de todos los santos y de las familias. El ritmo de estas antiguas invocaciones, y las oraciones cotidianas como la Salve Regina, nos ayudan a comprender que la Virgen santísima, como Madre nuestra al lado de su Hijo Jesús en la gloria del cielo, está siempre con nosotros en el desarrollo cotidiano de nuestra vida.

El título de reina es, por lo tanto, un título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que la que tiene en parte el destino del mundo en su mano es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.

Queridos amigos, la devoción a la Virgen es un componente importante de la vida espiritual. En nuestra oración no dejemos de dirigirnos a ella con confianza. María intercederá seguramente por nosotros ante su Hijo. Mirándola a ella, imitemos su fe, su disponibilidad plena al proyecto de amor de Dios, su acogida generosa de Jesús. Aprendamos a vivir como María. María es la Reina del cielo cercana a Dios, pero también es la madre cercana a cada uno de nosotros, que nos ama y escucha nuestra voz. Gracias por la atención.

domingo, 26 de agosto de 2012

      
¿PODRÍAN MANTENERSE EN LA SOCIEDAD ACTUAL LOS VALORES DE LA CABALLERÍA CRISTIANA?

       Para contestar esta pregunta extraemos dos párrafos del  hermoso libro del  escritor, filósofo y teólogo mallorquín Ramón Llull, "El libro de la Orden de Caballería". Es bonita la descripción que hace del nacimiento de la Caballería cristiana y los altas cualidades que debe poseer el caballero. Que necesario sería que hoy día siguiesen vigentes estas nobles cualidades que Ramón Llull atribuye a todo aquel que en su interior quiere entregar su vida a ser un perfecto Caballero de Cristo:
    
"Faltó en el mundo la caridad, la lealtad, la justicia y la verdad; comenzó la enemistad, la deslealtad, la injuria y la falsedad, y de ahí nació el error y la turbación en el pueblo de Dios, que fue creado para que los hombres amasen, conociesen, honrasen, sirviesen y temiesen a Dios.

Al comenzar en el mundo el menosprecio de la justicia por disminución de la caridad, convino que la justicia recobrase su honra por medio del temor; y por eso se partió todo el pueblo en grupos de mil, y de cada mil fue elegido y escogido un hombre más amable, más sabio, más leal y más fuerte, y con más noble espíritu, mayor instrucción y mejor crianza que todos los demás.

Se buscó entre todas las bestias la más bella, la más veloz y la más capaz de soportar el trabajo, la más conveniente para servir al hombre. Y como el caballo es el animal más noble y más conveniente para ser servir al hombre, por eso fue escogido el caballo entre todos los animales y dado al hombre que fue escogido entre mil hombres; y por eso aquel hombre se llama caballero.

Una vez reunido el animal y el hombre más nobles convino que se escogiesen y tomasen de entre todas las armas aquellas que son más nobles y más convenientes para combatir y defenderse de las heridas y de la muerte; y aquellas armas se dieron y se hicieron propias del caballero.

Las tareas del caballero cristiano: defender la fe católica.

Oficio del caballero es mantener y defender la santa fe católica, por la cual Dios Padre envió a su Hijo a tomar carne en la gloriosa Virgen, Nuestra Señora Santa María, y para honrar y multiplicar la fe sufrió en este mundo muchos trabajos y muchas afrentas y penosa muerte. De donde, así como nuestro señor Dios ha elegido a los clérigos para mantener la santa fe con escrituras y probaciones necesarias, predicando aquélla a los infieles con tanta caridad que desean morir por ella, así el Dios de la gloria ha elegido a los caballeros para que por la fuerza de las armas venzan y sometan a los infieles  que cada día se afanan en la destrucción de la Santa Iglesia. Por eso, Dios honra en este mundo y en el otro a tales caballeros, que son mantenedores y defensores del oficio de Dios y de la fe por cual nos hemos de salvar.

Fuente: Ramón Llull. Libro de la orden de caballería

miércoles, 22 de agosto de 2012


Santa María Virgen Reina

Padre Francisco Fernández Carvajal

(Fuente: dudasytextos.com)

- Santa María, Reina de cielos y tierra.

- Títulos de la realeza de Nuestra Señora.

- El reinado de María se ejerce en el Cielo, en la tierra y en el Purgatorio.

      I. "La Madre de Cristo es glorificada como Reina universal. La que en la Anunciación se definió como esclava del Señor fue durante toda su vida terrena fiel a lo que este nombre expresa, confirmando así que era una verdadera "discípula" de Cristo, el cual subrayaba intensamente el carácter de servicio de su propia misión: el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mt 20, 28). Por esto María ha sido la primera entre aquellos que, "sirviendo a Cristo también en los demás, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar" (Const. Lumen gentium, 36), y ha conseguido plenamente aquel "estado de libertad real", propio de los discípulos de Cristo: ¡servir quiere decir reinar! (...). La gloria de servir no cesa de ser su exaltación real; asunta a los cielos, ella no termina aquel servicio suyo salvífico..." (1).

     El dogma de la Asunción, que celebramos la pasada semana, nos lleva de modo natural a la fiesta que hoy celebramos, la Realeza de María. Nuestra Señora subió al Cielo en cuerpo y alma para ser coronada por la Santísima Trinidad como Reina y Señora de la Creación: "terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores (cfr. Apoc 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte" (2). Esta verdad ha sido afirmada desde tiempos antiquísimos por la piedad de los fieles y enseñada por el Magisterio de la Iglesia (3). San Efrén pone en labios de María estas bellísimas palabras: "El Cielo me sostenga con sus brazos, porque soy más honrada que él mismo. Pues el Cielo fue tan sólo tu trono, no tu madre. Ahora bien, ¡cuánto más digna de honor y veneración es la Madre del rey que no su trono!" (4).

     Fue muy frecuente expresar este título de María mediante la costumbre de coronar las imágenes de la Santísima Virgen de forma canónica, por concesión expresa de los Papas (5). El arte cristiano, desde los primeros siglos, ha venido representando a María como Reina y emperatriz, sentada en trono real, con las insignias de la realeza y rodeada de ángeles. En ocasiones se la representa en el momento de ser coronada por su Hijo. Y los fieles han recurrido a Ella con esas oraciones: Salve Regina, Ave Regina caelorum, Regina coeli laetare..., tantas veces repetidas.

     En muchas ocasiones hemos acudido a Ella recordándole este hermoso título de su realeza, y lo hemos considerado en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario. Hoy, en nuestra oración y a lo largo del día, lo hacemos de una manera especial. "Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. -Huerto cerrado eres, hermana mía, Esposa, huerto cerrado, fuente sellada. -Veni: coronaberis. -Ven: serás coronada (Cant 4, 7; 12; 8).

      "Si tú y yo hubiéramos tenido poder, la hubiéramos hecho también Reina y Señora de todo lo creado.

     "Una gran señal apareció en el cielo: una mujer con corona de doce estrellas sobre su cabeza. -Vestido de sol. -La luna a sus pies (Apoc 12, 1) (...). El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo la coronan como Emperatriz que es del Universo.

     "Y le rinden pleitesía de vasallos los Angeles..., y los patriarcas y los profetas y los Apóstoles..., y los mártires y los confesores y las vírgenes y todos los santos..., y todos los pecadores y tú y yo" (6).

     II. Concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin (7), leemos en el Evangelio de la Misa.

     La realeza de María está íntimamente relacionada con la de su Hijo. Jesucristo es Rey porque le compete una plena y completa potestad, tanto en el orden natural como en el sobrenatural; esta realeza, además de ser plena, es propia y absoluta. La realeza de María es plena y participada de la de su Hijo. Los términos Reina y Señora aplicados a la Virgen no son una metáfora; con ellos designamos una verdadera preeminencia y una auténtica dignidad y potestad en los cielos y en la tierra. María, por ser Madre del Rey, es verdadera y propiamente Reina, encontrándose en la cima de la creación y siendo efectivamente la primera persona humana del universo. Ella, "bellísima y perfectísima, tiene tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede concebir otra mayor después de Dios, y que fuera de Dios nadie podrá jamás comprender" (8).

     Los títulos de la realeza de María son su unión con Cristo como Madre -como le fue anunciado por el Angel- y la asociación con su Hijo Rey en la obra redentora del mundo. Por el primer título, María es Madre Reina de un Rey que es Dios, lo cual la enaltece sobre las demás criaturas humanas; por el segundo, María Reina es dispensadora de los tesoros y bienes del Reino de Dios, en razón de su corredención.

     En la institución de esta fiesta, Pío XII invitaba a todos los cristianos a acercarse a este "trono de gracia y de misericordia de nuestra Reina y Madre para pedirle socorro en las adversidades, luz en las tinieblas, alivio en los dolores y penas", y alentaba a todos a pedir gracias al Espíritu Santo y a esforzarse por aborrecer el pecado, a librarse de su esclavitud, "para poder rendir un vasallaje constante, perfumado con la devoción de hijos", a quien es Reina y tan gran Madre (9). Adeamus ergo cum fiducia ad thronum gratiae, ut misericordiam consequamur... Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia, a fin de que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno (10). Este trono, símbolo de la autoridad, es el de Cristo, pero ha querido que sea en su Madre trono de gracia donde más fácilmente alcanzamos la misericordia, pues nos fue dada "como abogada de la gracia y Reina del universo" (11).

     En el día de hoy contemplamos la gran fiesta del Cielo en la que la Trinidad Beatísima sale al encuentro de Nuestra Madre, asunta ya a los Cielos por toda la eternidad. "Es justo que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo coronen a la Virgen como Reina y Señora de todo lo creado.

     "-¡Aprovéchate de ese poder! y, con atrevimiento filial, únete a esa fiesta del Cielo. -Yo, a la Madre de Dios y Madre mía, la corono con mis miserias purificadas, porque no tengo piedras preciosas ni virtudes.

     "-¡Anímate!" (12). Ella nos espera; quiere que nos unamos a la alegría de los santos y de los ángeles. Y tenemos derecho a participar en una fiesta tan grande, pues es nuestra Madre.

     III. Apareció en el cielo una señal grande, una mujer vestida de sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas... (13). Esta mujer, además de representar a la Iglesia, simboliza a María (14), la Madre de Jesús, quien en el Calvario la confió a Juan, a la que él cuidó con tanto esmero y contempló tantas veces. Cuando, ya anciano, escribía estas visiones, María ejercía su realeza desde el Cielo. Los tres rasgos con que el Apocalipsis describe a María son símbolo de esta dignidad: vestida de sol, resplandeciente de gracia por ser Madre de Dios; la luna bajo sus pies indica la soberanía sobre todo lo creado; la corona de doce estrellas es la expresión de su corona real, de su reinado sobre los ángeles y los santos todos (15). En las letanías del Santo Rosario recordamos cada día que es reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de las vírgenes, de todos los santos... Es también nuestra Reina y Señora.

     El reinado de María se ejerce diariamente en toda la tierra, distribuyendo a manos llenas la gracia y la misericordia del Señor. A Ella acudimos en cada jornada, pidiendo su protección; muchos cristianos los sábados le cantan o le rezan con devoción esa antiquísima oración: Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura, esperanza nuestra... Este reinado se ejerce en el Cielo sobre los ángeles y sobre todos los bienaventurados, quienes aumentan su gloria accidental "por las luces que María les comunica, por la alegría que experimentan ante su presencia, por todo cuanto hace por la salvación de las almas. Manifiesta a los santos y a los ángeles la voluntad de Cristo en orden a la extensión de su Reino" (16).

     El reinado de María se ejerce también en el Purgatorio. "Salve Regina, cantaban las almas que vi sentadas sobre el verde y entre las flores que desde fuera del valle no se veían", declara el poeta italiano (17). Nuestra Madre nos induce constantemente a pedir y a ofrecer sufragios por quienes todavía se purifican y esperan para entrar en el Cielo; presenta a Dios nuestras oraciones, lo que hace que aumenten su valor. Aplica en el nombre de su Hijo a estas almas el fruto de los méritos que Él nos alcanzó y el de sus propios méritos. Nuestra Madre es una buena aliada para ayudar a las almas del Purgatorio y, si la tratamos mucho, Ella nos moverá a purificar nuestras faltas y pecados ya en esta vida y nos concederá poderla contemplar inmediatamente después de nuestra muerte, sin tener que pasar por ese lugar de espera y de purificación, porque ya habremos limpiado aquí nuestra alma de sus errores y flaquezas.

     Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos (18).

     (1) JUAN PABLO II, Enc. Redemptoris Mater, 25-III-1987, n. 41.- (2) CONC. VAT. II, Const. Lumen gentium, 59.- (3) Cfr. PIO XII, Enc. Ad caeli Reginam, 11-X-1954.- (4) SAN EFRÉN, Himno sobre la Bienaventurada Virgen María.- (5) J. IBAÑEZ-F. MENDOZA, La Madre del Redentor, Palabra, 2ª ed., Madrid 1988, p. 293.- (6) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Santo Rosario, pp. 50-51.- (7) Lc 1, 31-33.- (8) PIO IX, Bula Ineffabilis Deus, 8-XII-1854.- (9) PIO XII, loc. cit.- (10) Heb 4, 16.- (11) MISAL ROMANO, Prefacio de la Misa de esta fiesta.- (12) J. ESCRIVA DE BALAGUER, Forja, n. 285.- (13) Apoc 12, 1.- (14) SAN PIO X, Enc. Ad diem illum, 2-II-1904.- (15) Cfr. L. CASTAN, Las Bienaventuranzas de María, BAC, Madrid 1971, p. 320.- (16) R. GARRIGOU-LAGRANGE, La Madre del Salvador, Rialp, Madrid 1976, p. 323.- (17) D. ALIGHIERI, La divina comedia, "El Purgatorio", 7, 82-84.- (18) MISAL ROMANO, Oración colecta de la Misa.

* Esta fiesta de la Virgen fue instituida por Pío XII en 1954, respondiendo a la creencia unánime de toda la Tradición que ha reconocido desde siempre su dignidad de Reina, por ser Madre del Rey de reyes y Señor de señores. Santa María es una Reina sumamente accesible, pues todas las gracias nos vienen a través de su mediación maternal. La coronación de María como Reina de todo lo creado que contemplamos en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario está íntimamente unida a su Asunción al Cielo en cuerpo y alma.

domingo, 19 de agosto de 2012

FESTIVIDAD DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL, EL GRAN VALEDOR DE LA ORDEN DE LOS POBRES CABALLEROS DE CRISTO

  




El día 20 de agosto es la festividad de san Bernardo de Claraval. Si bien es cierto que la fundación del Temple se le atribuye a 9 caballeros, no es menos cierto que el auténtico Padre de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo fue san Bernardo. San Bernardo es un compendio de virtudes entre las que destacan su talla intelectual; su legado es amplio, dejó alrededor de 500 cartas, unos 350 sermones y varios tratados doctrinales. Pero recorramos un poco la vida de san Bernardo

San Bernardo nació en el año 1090, también se le asigna como fecha de nacimiento el 1091, lo hizo a las afueras de un pueblo de Borgoña, Dijon. De pequeño no pasó muchas penurias, para lo que era la época, tenía un vida que se puede decir acomodada, pues era hijo de un caballero del Duque de Dijon con lo cual, se puede afirmar que san Bernardo pertenecía a la nobleza, aunque en el estamento bajo de esta clase social de la época.

            Sus primeros contactos con el Císter se producen alrededor del año 1098, concretamente en el monasterio de Citeaux el cual había sido fundado no mucho antes por San Roberto de Molesmes y que se regía por la dura regla de San Benito, pero será en el 1113 cuando junto con varios hermanos, un tío suyo y al parecer varias personas más abracen la vida consagrada y entre definitivamente en la Orden del Císter, siendo en ese momento abad del monasterio San Esteban Harding.

Será en 1115 cuando el abad de Citeaux, Esteban Harding, le encomiende a Bernardo levantar una de las iniciales fundaciones cistercienses, el monasterio de Claraval, cargo que desempeñaría toda su vida. Llama la atención que tan sólo a los dos años del ingreso de Bernardo en el Císter, ya le sea encomendada una misión tan importante como es fundar un monasterio, pero evidentemente la fuerte personalidad de Bernardo y sus extraordinarias cualidades intelectuales no pasaron desapercibidas para el abad Esteban que confió a él esta importante tarea. De esta forma, Bernardo será nombrado como abad del monasterio de Clairvaux al que estará ligado hasta el final de sus días, siendo el obispo Guillermo de Champeaux quien le ordene como sacerdote y le dé su bendición como abad.

Como toda fundación que acaba de nacer, Claraval (Clairvaux) tuvo sus problemas, aunque en un primer momento el principal de ellos y de orden interno, fue el duro régimen que impuso Bernardo; de hecho, solía hacer grandes penitencias que inevitablemente influían en su salud, debiendo intervenir el obispo Guillermo para en cierto modo vigilar el estado de salud de Bernardo.

Se puede pensar  que este rigorismo en la interpretación de la Regla de san Benito hubiera dado lugar al aislamiento de la Comunidad de Claraval dentro de las cuatro paredes del monasterio, pero nada más alejado de la realidad, san Bernardo tenía entre otras muchas, las cualidades de la disciplina, austeridad, simplicidad en sus planteamientos y todo ello le llevó a fundar más de 60 monasterios repartidos por toda Europa., sin contar los ya constituidos que abrazaron el Cister.

Para san Bernardo la forma de estar más cerca de Dios era la consagración a la vida monástica, la consagración de forma permanente al servicio de Dios.

Me he referido antes a alguna de las cualidades personales de san Bernardo, y no debemos olvidar su talla como teólogo y como místico, todo ello basado en su profundo estudio y conocimiento de la Biblia y de la Patrística. San Bernardo es uno de los 33 Doctores de la Iglesia Católica y fue promovido como tal por el papa Pío VIII en el año 1830. Es conocido como el Doctor Melifluo por su suave y delicada forma de hablar.

A lo largo de su vida, se enfrentará a la herejía, y en este sentido será fiel consejero del papa Eugenio III, su forma principal de combatirla será predicando y para ello irá a los centros desde donde se propaga.

Se podría seguir escribiendo páginas y páginas sobre la vida de este Santo pero en su festividad, es justo recordar que también se le considera como el apoyo y el valedor de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Orden del Temple en el momento de su creación. Concretamente los nueve caballeros fundadores de la Orden, solicitaron del abad Bernardo que redactase la regla de la Orden y así lo hizo, siendo ésta muy similar, como no podía ser de otra forma, a la del Císter.

            Su obra por excelencia relativa al Temple es el Elogio a la Nueva Milicia, donde describe a la Milicia del Templo (Militia Templi) como una milicia al servicio de la cristiandad y al servicio de Dios.

            Para finalizar, si algo más podemos añadir sobre la figura de san Bernardo, era su vocación mariana, su infinito amor a María, por ello rezando en el día de su festividad le pedimos que siga siendo el valedor ante Nuestra Señora de todos los que aspiramos a conducirnos por la vida como verdaderos caballeros al servicio de Cristo.



miércoles, 15 de agosto de 2012

CATEQUESIS DE JUAN PABLO II SOBRE LA ASUNCIÓN DE MARÍA



La Asunción de María, verdad de fe
Catequesis de Juan Pablo II (2-VII-97)

1. En la línea de la bula Munificentissimus Deus, de mi venerado predecesor Pío XII, el concilio Vaticano II afirma que la Virgen Inmaculada, «terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo» (Lumen gentium, 59).

     Los padres conciliares quisieron reafirmar que María, a diferencia de los demás cristianos que mueren en gracia de Dios, fue elevada a la gloria del Paraíso también con su cuerpo. Se trata de una creencia milenaria, expresada también en una larga tradición iconográfica, que representa a María cuando entra con cuerpo en el cielo.

     El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio.

     2. El 1 de noviembre de 1950, al definir el dogma de la Asunción, Pío XII no quiso usar el término «resurrección» y tomar posición con respecto a la cuestión de la muerte de la Virgen como verdad de fe. La bula Munificentissimus Deus se limita a afirmar la elevación del cuerpo de María a la gloria celeste, declarando esa verdad «dogma divinamente revelado».

     ¿Cómo no notar aquí que la Asunción de la Virgen forma parte, desde siempre, de la fe del pueblo cristiano, el cual, afirmando el ingreso de María en la gloria celeste, ha querido proclamar la glorificación de su cuerpo?

     El primer testimonio de la fe en la Asunción de la Virgen aparece en los relatos apócrifos, titulados «Transitus Mariae», cuyo núcleo originario se remonta a los siglos II-III. Se trata de representaciones populares, a veces noveladas, pero que en este caso reflejan una intuición de fe del pueblo de Dios.
     A continuación, se fue desarrollando una larga reflexión con respecto al destino de María en el más allá. Esto, poco a poco, llevó a los creyentes a la fe en la elevación gloriosa de la Madre de Jesús, en alma y cuerpo, y a la institución en Oriente de las fiestas litúrgicas de la Dormición y de la Asunción de María.

     La fe en el destino glorioso del alma y del cuerpo de la Madre del Señor, después de su muerte, desde Oriente se difundió a Occidente con gran rapidez y, a partir del siglo XIV, se generalizó. En nuestro siglo, en vísperas de la definición del dogma, constituía una verdad casi universalmente aceptada y profesada por la comunidad cristiana en todo el mundo.

     3. Así, en mayo de 1946, con la encíclica Deiparae Virginis Mariae, Pío XII promovió una amplia consulta, interpelando a los obispos y, a través de ellos, a los sacerdotes y al pueblo de Dios, sobre la posibilidad y la oportunidad de definir la asunción corporal de María como dogma de fe. El recuento fue ampliamente positivo: sólo seis respuestas, entre 1.181, manifestaban alguna reserva sobre el carácter revelado de esa verdad.

     Citando este dato, la bula Munificentissimus Deus afirma: «El consentimiento universal del Magisterio ordinario de la Iglesia proporciona un argumento cierto y sólido para probar que la asunción corporal de la santísima Virgen María al cielo (...) es una verdad revelada por Dios y, por tanto, debe ser creída firme y fielmente por todos los hijos de la Iglesia» (AAS 42 [1950], 757).

     La definición del dogma, de acuerdo con la fe universal del pueblo de Dios, excluye definitivamente toda duda y exige la adhesión expresa de todos los cristianos.

     Después de haber subrayado la fe actual de la Iglesia en la Asunción, la bula recuerda la base escriturística de esa verdad.

     El Nuevo Testamento, aun sin afirmar explícitamente la Asunción de María, ofrece su fundamento, porque pone muy bien de relieve la unión perfecta de la santísima Virgen con el destino de Jesús. Esta unión, que se manifiesta ya desde la prodigiosa concepción del Salvador, en la participación de la Madre en la misión de su Hijo y, sobre todo, en su asociación al sacrificio redentor, no puede por menos de exigir una continuación después de la muerte. María, perfectamente unida a la vida y a la obra salvífica de Jesús, compartió su destino celeste en alma y cuerpo.

     4. La citada bula Munificentissimus Deus, refiriéndose a la participación de la mujer del Protoevangelio en la lucha contra la serpiente y reconociendo en María a la nueva Eva, presenta la Asunción como consecuencia de la unión de María a la obra redentora de Cristo. Al respecto afirma: «Por eso, de la misma manera que la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y último trofeo de esta victoria, así la lucha de la bienaventurada Virgen, común con su Hijo, había de concluir con la glorificación de su cuerpo virginal» (AAS 42 [1950], 768).

     La Asunción es, por consiguiente, el punto de llegada de la lucha que comprometió el amor generoso de María en la redención de la humanidad y es fruto de su participación única en la victoria de la cruz.

ODA A LA VIRGEN MARÍA



DIA 15 DE AGOSTO FIESTA DE LA ASUNCIÓN DE MARIA. A LA REINA Y SEÑORA DE LA MILICIA DEL TEMPLO:

Fray Luis de León

 
ODA XXI - A NUESTRA SEÑORA



Virgen, que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:
los ojos vuelve al suelo
y mira un miserable en cárcel dura,
cercado de tinieblas y tristeza.
Y si mayor bajeza
no conoce, ni igual, juicio humano,
que el estado en que estoy por culpa ajena,
con poderosa mano
quiebra, Reina del cielo, esta cadena.

Virgen, en cuyo seno
halló la deidad digno reposo,
do fue el rigor en dulce amor trocado:
si blando al riguroso
volviste, bien podrás volver sereno
un corazón de nubes rodeado.
Descubre el deseado
rostro, que admira el cielo, el suelo adora:
las nubes huirán, lucirá el día;
tu luz, alta Señora,
venza esta ciega y triste noche mía.

Virgen y madre junto,
de tu Hacedor dichosa engendradora,
a cuyos pechos floreció la vida:
mira cómo empeora
y crece mí dolor más cada punto;
el odio cunde, la amistad se olvida;
si no es de ti valida
la justicia y verdad, que tú engendraste,
¿adónde hallará seguro amparo?
Y pues madre eres, baste
para contigo el ver mi desamparo.

Virgen, del sol vestida,
de luces eternales coronada,
que huellas con divinos pies la Luna;
envidia emponzoñada,
engaño agudo, lengua fementida,
odio crüel, poder sin ley ninguna,
me hacen guerra a una;
pues, contra un tal ejército maldito,
¿cuál pobre y desarmado será parte,
si tu nombre bendito,
María, no se muestra por mi parte?

Virgen, por quien vencida
llora su perdición la sierpe fiera,
su daño eterno, su burlado intento;
miran de la ribera
seguras muchas gentes mi caída,
el agua violenta, el flaco aliento:
los unos con contento,
los otros con espanto; el más piadoso
con lástima la inútil voz fatiga;
yo, puesto en ti el lloroso
rostro, cortando voy onda enemiga.

Virgen, del Padre Esposa,
dulce Madre del Hijo, templo santo
del inmortal Amor, del hombre escudo:
no veo sino espanto;
si miro la morada, es peligrosa;
si la salida, incierta; el favor mudo,
el enemigo crudo,
desnuda, la verdad, muy proveída
de armas y valedores la mentira.
La miserable vida,
sólo cuando me vuelvo a ti, respira.

Virgen, que al alto ruego
no más humilde sí diste que honesto,
en quien los cielos contemplar desean;
como terrero puesto—
los brazos presos, de los ojos ciego—
a cien flechas estoy que me rodean,
que en herirme se emplean;
siento el dolor, mas no veo la mano;
ni me es dado el huir ni el escudarme.
Quiera tu soberano
Hijo, Madre de amor, por ti librarme.

Virgen, lucero amado,
en mar tempestuoso clara guía,
a cuvo santo rayo calla el viento;
mil olas a porfía
hunden en el abismo un desarmado
leño de vela y remo, que sin tiento
el húmedo elemento
corre; la noche carga, el aire truena;
ya por el cielo va, ya el suelo toca;
gime la rota antena;
socorre, antes que emviste en dura roca.

Virgen, no enficionada
de la común mancilla y mal primero,
que al humano linaje contamina;
bien sabes que en ti espero
dende mi tierna edad; y, si malvada
fuerza que me venció ha hecho indina
de tu guarda divina
mi vida pecadora, tu clemencia
tanto mostrará más su bien crecido,
cuanto es más la dolencia,
y yo merezco menos ser valido.

Virgen, el dolor fiero
añuda ya la lengua, y no consiente
que publique la voz cuanto desea;
mas oye tú al doliente
ánimo, que contino a ti vocea.


martes, 14 de agosto de 2012


INVESTIDURA DE 18 NOVICIAS FRANCISCANAS DE LA INMACULADA


          El pasado 2 de agosto, junto al santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo de Frigento (Avellino), 18 chicas iniciaron el noviciado con la ceremonia de investidura presidida por el Superior General de los Hermanos Franciscanos de la Inmaculada, el Padre Stefano Maria Manelli.

          Anteriormente, el Padre Gabriele Pellettieri celebró el Santo Oficio de la Misa por el antiguo y glorioso rito romano.

          Sorprende ver así a tantas novicias de una sola vez, son escenas de otros tiempos que desgraciadamente en Europa no se ven casi nunca. Probablemente no todas las 18 novicias fuesen italianas, dado que algunas de ellas pronunciaron la fórmula (en latín) con un acentuado acento anglófono.

          Si mal no recuerdo, antes del Motu Proprio "Summorum Pontificum" en las ceremonias de investidura de las novicias de las Franciscanas de la Inmaculada hechas en Italia, la media del número de novicias era inferior a una decena. Ahora es casi una veintena. Puede ser que el fuerte aumento se deba al paso de la liturgia antigua que tanto atrae a los jóvenes. Muchas otras Órdenes podrían aumentar las vocaciones si se pasaran a la Misa Tridentina. El rito tradicional es verdaderamente una riqueza para la Iglesia, que necesita difundirlo lo más posible dado que está multiplicando tanto las vocaciones sacerdotales cuanto las religiosas en diversas Instituciones de vida consagrada y sociedad de vida apostólica. Y hoy, para reflorecer a la Iglesia, ¡hay tanta necesidad de numerosas y santas vocaciones!

          Ciertamente, la liturgia antigua por sí sola no basta, se necesita también que un Instituto religioso viva la vida consagrada de una forma fervorosa y observante. Si por el contrario, una Órden se relaja y se intibiece, está destinada a caminar hacia la decadencia y a su disolución, como demuestra la experiencia.

          Si la tendencia vocacional continuara así, probablemente dentro de 50 años las Órdenes religiosas serán en su mayoría tradicionales o, como mínimo, en vía de "tradicionalizarse".

     (Artículo extraido de la Web de la Sede Magistral de la MIlitia Templi-Orden de los Pobres Caballeros de Cristo. Para ver original en Italiano seguir el enlace:

          http://www.ordo-militiae-templi.org/vestizione-di-18-novizie-francescane-dellimmacolata--N-360.html